No perdamos de vista lo esencial: la Reforma y el Día de la Biblia
Cada 31 de octubre tenemos una oportunidad para poner en valor nuestra identidad evangélica, acercar la Biblia al alumnado y transmitir el legado de la Reforma Protestante. ¿Y si, en lugar de centrar nuestros esfuerzos en combatir Halloween, los dedicáramos a mostrar todo aquello que tenemos que enseñar y celebrar?
Con la llegada del 31 de octubre, vuelve a surgir entre el profesorado de Religión Evangélica un debate recurrente: cómo abordar Halloween desde nuestras convicciones cristianas.
Cada año dedicamos tiempo a buscar materiales para contrarrestar esta celebración, compartir argumentos sobre sus implicaciones y elaborar recursos que permitan al alumnado reflexionar sobre ella. Comprendemos la preocupación que hay detrás de estas iniciativas y respetamos la motivación de quienes las promueven. Sin embargo, conviene detenernos un momento y hacernos una pregunta:
¿Estamos restando protagonismo a Halloween o estamos contribuyendo, aunque sea indirectamente, a mantenerlo en el centro de nuestra atención?
Quizá haya llegado el momento de cambiar el enfoque. No porque debamos renunciar a nuestras convicciones, sino porque tenemos algo mucho más valioso en lo que invertir nuestra creatividad, nuestro tiempo y nuestro esfuerzo docente.
El 31 de octubre tenemos mucho que celebrar
Para el pueblo evangélico, el 31 de octubre es una fecha de especial relevancia. Conmemoramos la Reforma Protestante, un acontecimiento fundamental en la historia del cristianismo que nos permite profundizar en principios esenciales de nuestra identidad: la autoridad de las Escrituras, la salvación por gracia mediante la fe, la centralidad de Cristo y la importancia de que la Palabra de Dios sea conocida y comprendida.
A esta conmemoración se suma, en Andalucía, el Día de la Biblia, una oportunidad institucional para poner en valor las Sagradas Escrituras y su influencia espiritual, histórica y cultural.
Tenemos, por tanto, motivos más que suficientes para hacer de esta fecha una ocasión significativa en nuestras aulas. No nos encontramos ante un día vacío que debamos llenar con actividades de oposición a Halloween. Contamos con una herencia que transmitir, contenidos que desarrollar y una oportunidad educativa que merece toda nuestra atención.
Tenemos una luz que mostrar. No necesitamos convertir la oscuridad en el centro de nuestra actividad para demostrar su valor.
De la reacción a la iniciativa educativa
Es comprensible que determinadas prácticas culturales nos preocupen y que queramos ayudar a nuestro alumnado a desarrollar criterios cristianos para valorarlas. Esa responsabilidad forma parte de nuestra tarea educativa. Pero también debemos distinguir entre formar desde nuestras convicciones y organizar nuestra práctica docente en torno a aquello con lo que discrepamos.
Cuando buena parte de nuestros esfuerzos se concentra en buscar materiales contra Halloween, elaborar argumentos para desacreditarlo o compartir publicaciones centradas exclusivamente en sus aspectos negativos, corremos el riesgo de concederle precisamente el protagonismo que pretendemos evitar.
No se trata de ignorar nuestras convicciones, sino de decidir dónde invertimos nuestra atención, nuestro tiempo y nuestra creatividad docente.
Nuestra labor no consiste en reaccionar permanentemente ante cada manifestación cultural que no compartimos. Nos corresponde ofrecer una formación bíblica, rigurosa y coherente con el currículo de Religión Evangélica, que permita al alumnado adquirir conocimientos, comprender nuestra tradición y desarrollar criterios propios desde los principios que enseñamos.
Una propuesta educativa sólida no necesita construirse siempre en oposición a algo. Puede expresar con claridad su identidad, explicar sus fundamentos y mostrar el valor de aquello que enseña.
La Biblia y la Reforma: una oportunidad para aprender
La conmemoración de la Reforma Protestante y el Día de la Biblia nos ofrece numerosas posibilidades didácticas para todas las etapas educativas.
Podemos acercar al alumnado a Martín Lutero y a otros protagonistas de la Reforma, investigar la historia de la traducción de las Escrituras a las lenguas del pueblo, profundizar en la influencia de la Biblia en la historia y la cultura, y reflexionar sobre su importancia en la vida cristiana.
También podemos diseñar situaciones de aprendizaje mediante proyectos de investigación, lecturas bíblicas, actividades cooperativas, exposiciones, producciones audiovisuales y recursos digitales adaptados a las edades y competencias de nuestro alumnado.
La clave está en desarrollar propuestas que respondan a objetivos educativos claros y que formen parte de nuestra programación, en lugar de improvisar actividades motivadas exclusivamente por la llegada de Halloween.
Por eso, quizá la pregunta más productiva no sea qué material podemos compartir para advertir sobre esta celebración, sino otra muy diferente:
¿Qué podemos enseñar este 31 de octubre para que nuestro alumnado conozca mejor la Biblia, comprenda la Reforma Protestante y descubra la riqueza de nuestra herencia evangélica?
Ahí es donde nuestra experiencia y nuestro compromiso pueden dar un fruto educativo duradero.
Compartamos recursos que construyan
Este cambio de enfoque también puede fortalecer nuestra colaboración como colectivo profesional.
Imaginemos lo que podríamos conseguir si concentráramos nuestros esfuerzos en elaborar, seleccionar y compartir recursos de calidad para el Día de la Reforma y el Día de la Biblia: situaciones de aprendizaje, propuestas interdisciplinares, actividades adaptadas a cada etapa, materiales audiovisuales, proyectos de investigación y experiencias que cualquier docente pudiera adaptar a su contexto.
Un banco común de recursos permitiría aprovechar el trabajo que ya realizan muchos compañeros y compañeras, evitar duplicidades y facilitar que estas conmemoraciones se integren de forma significativa en la práctica educativa.
Además, contribuiríamos a dar mayor visibilidad a nuestra materia y a mostrar su potencial pedagógico, cultural y formativo.
Desde esta perspectiva, proponemos cinco líneas de actuación:
- Priorizar el Día de la Reforma Protestante y el Día de la Biblia en nuestra planificación didáctica.
- Desarrollar el currículo de Religión Evangélica aprovechando las posibilidades bíblicas, históricas, teológicas y culturales de estas fechas.
- Compartir materiales que ayuden a enseñar, aprender y comprender, enriqueciendo nuestros espacios profesionales.
- Crear propuestas educativas rigurosas, creativas y adaptadas a las distintas etapas.
- Formar al alumnado desde nuestras convicciones cristianas, ayudándole a desarrollar criterios sin convertir cada actividad en una confrontación.
Esto no significa renunciar a explicar nuestras convicciones cuando sea necesario ni dejar de abordar situaciones concretas que requieran una respuesta educativa. Significa establecer prioridades y comprender que dar testimonio de lo que creemos no siempre exige hablar contra aquello que rechazamos; también, y especialmente, exige enseñar con profundidad aquello que afirmamos.
Nuestra mejor respuesta es la luz
Como profesorado de Religión Evangélica de Andalucía, tenemos la responsabilidad de actuar con criterio, iniciativa y sentido de propósito. El 31 de octubre nos ofrece una ocasión privilegiada para hacerlo: una fecha en la que podemos poner en valor nuestra identidad, fortalecer nuestra práctica docente y acercar al alumnado a la riqueza de las Escrituras y de la Reforma Protestante.
No se trata de combatir la oscuridad empleando sus mismas herramientas ni de convertir aquello que rechazamos en el centro de nuestra actividad. Se trata de poner en práctica una convicción que forma parte de nuestro propio mensaje cristiano: la luz se hace visible cuando alumbra.
Por eso, no dediquemos nuestras mejores horas a buscar cómo hablar contra Halloween cuando podemos emplearlas en preparar actividades que ayuden a nuestro alumnado a conocer mejor la Palabra de Dios, comprender nuestra historia y descubrir los principios que fundamentan nuestra fe.
Que este 31 de octubre nuestras aulas sean espacios para enseñar, aprender y celebrar la Biblia. Que nuestros materiales reflejen aquello que nos identifica y que nuestro trabajo docente sea una expresión de compromiso, excelencia y fidelidad a los principios de la enseñanza de Religión Evangélica.
No permitamos que Halloween marque nuestra agenda. Dejemos que sea nuestra propia identidad educativa la que determine qué enseñamos, qué compartimos y dónde ponemos nuestro esfuerzo.
Porque nuestra mejor respuesta no es dedicar más tiempo a hablar de Halloween.
Nuestra mejor respuesta es dedicar nuestro tiempo a enseñar la Palabra.


